Gerona

La gerundense Aurora Bertrana, nacida en 1892, no entendía por qué los hombres debían ser valientes e independientes, y las mujeres, sumisas y abnegadas. Ella se rebeló. De niña, jugó más con niños que con muñecas, y de mayor, se rodeó de amigos porque con ellos podía hablar de cultura y política.

Siempre desoyó las críticas y los chismorreos de los guardianes de la moral. No le importaron los rumores que surgieron en Girona cuando a los 18 años empezó a ir sola en tren a clases de música en Barcelona.

Había hallado en la música su vía de escape porque en la literatura, lo que más amaba, le cerraron las puertas. Escribir no era una ocupación propia de señoritas. Su padre, el famoso escritor Prudenci Bertrana, le prohibió dedicarse a las letras pues bien era sabido que una niña debía emplear sus dedos y sus días en algo más femenino que el pensamiento.

A los 21 años tomó un tren con destino a Suiza. Allí la esperaban para tocar el violoncelo en un hotel de las montañas.

Montó en Ginebra la primera banda de jazz de Europa en la que solo tocaban mujeres. Un día invitaron a la banda a dar un concierto en la radio. En la emisora había un hombre, Monsieur Choffat, un ingeniero eléctrico que primero le pidió que le diera clases de español; después, le pidió matrimonio.

El 30 de mayo de 1.925 se celebró una boda que, más que a ella, hizo felices a sus padres porque pensaban que la niña “había cazado un buen partido”. No fue así. Unos días antes de la boda, Monsieur Choffat le confesó que no tenía un franco.

En aquella ruina, Aurora Bertrana vio una oportunidad. La catalana convenció a su marido para que buscara un trabajo en algún país exótico y pronto lo halló en la Polinesia donde vivirían de 1.926 a 1.929 desde donde comenzó a enviar unas crónicas que los lectores de los periódicos catalanes devoraban entre escandalizados y hechizados y que más tarde, a su vuelta a Barcelona en 1.930, publicó en un libro titulado Paraísos Oceánicos. La obra fue, no solo un gran éxito de ventas, sino un gran éxito literario.

Después de la Polinesia fue a explorar Marruecos. Sola; sin Monsieur Choffat. En los años 30, Aurora Bertrana desafió la norma de viajar con un marido, un padre o un hombre que la protegiera. Le bastó su cuaderno de notas y una cámara fotográfica colgada al cuello para conseguir lo que quería: descubrir cómo era la vida de las mujeres musulmanas para contarlo en el diario La Publicitat y después en el libro El Marroc sensual i fanàtic en 1.936.

Ese verano maldito estalló la guerra civil. Aurora siguió participando en la vida pública y en los círculos literarios en defensa de la República. Mientras tanto, Monsieur Choffat se pasó a la zona nacional llevándose con él a su antigua secretaria. Las relaciones habían sido difíciles desde la llegada a Barcelona. Su marido no entendía el conflicto y hablaba de "la locura catalana".

 En 1938 emprendió sola el exilio, primero a Suiza y después a Francia.

Unos días antes, sospechando las intenciones de su marido, Aurora viajó a su ciudad natal donde escondió toda su fortuna en un lugar seguro, dejando pistas por toda la ciudad para que si ella no podía regresar, pudiese localizarla algún familiar o amigo de confianza.