El Tesoro del Pirata

¿Te atreves a buscar un lingote de oro valorado en más de 3.000 euros?






El pirata Benito Soto Aboal, encontró la forma de esconder un lingote de oro de unos 50 gramos (valorado actualmente en más 3.000€) poco antes de ser ahorcado. ¿Te atreves a buscarlo?

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.


Benito Soto Aboal fue un pirata en toda regla, sin romanticismos ni medias tintas. Fue el único pirata español que llegó a hacerse famoso en los mares bajo la bandera negra. Además, es considerado como el último pirata a gran escala de la historia e inspiró el famoso poema de José de Espronceda “La canción del pirata”.
Nació el 22 de marzo de 1805 en Pontevedra, en la conocida antiguamente como “Casa del Pitillo” (actual “Casa das Campás” y sede del Rectorado) en el barrio de A Moreira y en el seno de una familia humilde. Era el séptimo de 14 hermanos.
La ciudad había llegado a ser el puerto más importante de Galicia y el norte de Portugal durante el Siglo XVI, pero la decadencia de la villa hizo que Benito siguiera la tradición familiar junto a su padre: el contrabando en la costa gallega con lo que consiguió hacerse un nombre en los ambientes portuarios y a los 17 años ya era un referente entre los contrabandistas de la costa pontevedresa.


Casa del Pitillo


Ávido de mayores riquezas, en 1823 decide enrolarse en el bergantín de bandera brasileña El Defensor de Pedro. El barco, que se dedica al tráfico de esclavos, pone rumbo a Río de Janerio.
Su capitán es Pedro Mariz de Sousa Sarmento pero poco tiempo después se convierte en un recuerdo, ya que Benito Soto, tras encabezar un motín a bordo, es elegido nuevo comandante del navío.
Benito decide cambiar de negocio y dedicarse a otro mucho más lucrativo, la piratería. Así, renombra su barco como “Burla Negra”, enarbola la bandera pirata y se dedica a asaltar buques mercantes, especialmente británicos, en el Océano Atlántico.
Su primera víctima y con la que se ganó su siniestra reputación fue la fragata inglesa Morning Star, a la cual saqueó y a cuya tripulación estuvo a punto de exterminar completamente. El siguiente fue el bergantín norteamericano Toaz y así hasta llegar a 10 navíos durante su viaje desde el Sur de África hasta las Azores.
Tras asesinar a tres de sus compañeros, por considerarlos poco leales, llegaron a puerto en La Coruña y, fingiendo uno de los piratas ser el legítimo capitán, vendieron la mercancía.


Alguno de los barcos asaltados



Seguidamente, el barco se dirigió a las costas de Cádiz, donde planeaban deshacerse de él para retirarse y disfrutar de las ganancias. Sin embargo, al divisar el faro de la Isla de León lo creyeron el de Tarifa y terminaron embarrancados a corta distancia de Cádiz.
Como piratas que eran y además torpes, mientras intentaban reflotar el barco, presumían en tabernas y burdeles de sus hazañas y riquezas y acabaron llamando la atención de las autoridades, que apresaron a diez de ellos, mientras que el resto huyó.
La tripulación fue ahorcada en Cádiz por orden del Rey Fernando VII. El monarca español ordenó que fueran ejecutados y descuartizados para dejar luego sus cabezas cortadas durante varios días por distintos puntos de la ciudad.


Benito Soto había sobornado a sus captores y escapó a Gibraltar. Casualmente, uno de los pocos supervivientes del Morning Star le reconoció allí y fue detenido en una fonda del Peñón.
Un año y medio después de ser capturado se le juzgó en Gibraltar por pirata y fue condenado a la horca, culpable de la ejecución u ordenamiento de 75 asesinatos comprobados y 10 embarcaciones saqueadas o hundidas.
El 25 de enero de 1.830, fue ahorcado. Acogió su culpa y se acercó a la soga que el verdugo había colocado demasiado alta al ser los soldados ingleses más altos que él. Benito Soto Aboal, ni corto ni perezoso, acercó el ataúd, su propio ataúd que ya lo esperaba, y subiéndose en él, introdujo su cabeza en la horca saltando después rápidamente para que la muerte llegara cuanto antes.


Gibraltar


Pero de nuevo el verdugo calculó mal y el reo llegó con sus pies al suelo, teniendo que hacer el ejecutor un agujero en el suelo con una pala, entre las risas generalizas del personal que esperaba la muerte del preso.
Las últimas palabras de Benito Soto Aboal, no fueron de reproche, ni de perdón, simplemente dijo «Adiós a todos, el espectáculo ha terminado»


Pero su historia no terminó aquí…

El 3 de junio de 1904, setenta y cuatro años después de su muerte, un obrero de una almadraba, al ir a enterrar unos despojos de pescadería en la playa de Cádiz, encontró a cierta profundidad un tesorillo de «reales de a 8» del siglo XVIII.
El obrero que encontró el tesorillo se llenó los bolsillos con cuantas monedas pudo y se fue. Pronto se corrió la voz y el pueblo de Cádiz se lanzó a la playa en busca de más monedas de plata,
Al año siguiente, en los Carnavales de Cádiz, el Tío de la Tiza y su peña Los Anticuarios, hicieron una chirigota sobre este botín “Aquellos duros antiguos, que tanto en Cádiz dieron que hablar…” que se convirtió desde entonces, en el himno del carnaval de Cádiz.


Real de a 8 similar a los encontrados en la playa de Cadiz


Lo que poca gente sabe, es que antes de ser apresado en Cádiz, Benito entregó las joyas que llevaba encima a uno de los piratas que consiguieron huir, el que más confianza le inspiraba, con instrucciones de fundirlas en un lingote, enterrarlo en un lugar seguro y enviarle mediante mensajes cifrados y códigos secretos el mapa del lugar donde se encontraba escondido el lingote, confiando en poder escapar, recuperarlo y utilizarlo para huir lejos de España.
El pirata cumplió su cometido. Fundió las joyas, obteniendo un lingote de oro de buena calidad de unos 50 gramos, que enterró en el lugar que consideró más seguro y mediante 12 cartas enviadas a Benito Soto al penal en el que estuvo preso en Gibraltar, le indicó ingeniosamente, como este le había pedido, como conseguir el plano que llevaba hasta el tesoro.

Hasta ahora, nadie lo ha encontrado. El valor actual del lingote, es de unos 3.000,00 euros.



¿Te atreves a buscarlo?

Consigue las doce cartas, una a una (solo podrás conseguir la siguiente si eres capaz de resolver la anterior) encuentra los 6 fragmentos del mapa (cada dos cartas averiguarás donde se encuentra un fragmento) y con el mapa completo podrás encontrar el lingote enterrado.
Puedes hacerlo solo o con un equipo que te ayude (seguro que de esta forma tienes más posibilidades y será más divertido).

Conseguir la primera carta, te costará solo 50,00 euros y las otras once, 25,00 euros cada una.

QUIERO LA PRIMERA CARTA